

Pasión, Dedicación, Esfuerzo y Compromiso con la Alta Montaña.
Las montañas han sido, desde tiempos inmemoriales, fuentes de admiración, desafío y misterio. Han representado tanto la grandeza indomable de la naturaleza como la incansable búsqueda humana de lo desconocido. Para comenzar este homenaje, quiero compartir unas palabras que evocan el alma de los Pirineos:
«La montaña nos presta el decorado, el guion lo pone la aventura. La vida en los Pirineos es una constante lucha entre la grandeza de la naturaleza y la humildad del hombre que la habita.» (Camilo José Cela)
Pero la montaña no es sólo un escenario; es también un sentimiento, una historia contada a través de la roca, el viento, y el tiempo.
«Allí en el monte donde el cielo besa la tierra, donde la roca se alza altiva, donde el viento canta con voz de nieve, allí duerme el alma de los Pirineos.» (Jacinto Verdaguer)
Con estas palabras, nos adentramos en el espíritu de este homenaje: reconocer la labor de quienes han dedicado su vida a la montaña no sólo como un espacio geográfico, sino como una idea, una emoción, un compromiso.

Este año tenemos el honor de conceder este premio a una mujer cuya historia es sinónimo de valentía, superación y amor por la montaña: Rosa Fernández Rubio
Rosa es una de las grandes referentes del alpinismo español. Su trayectoria es impresionante: ha coronado algunas de las montañas más emblemáticas del mundo, incluido el Everest, y ha realizado importantes expediciones en el Himalaya y en otros grandes macizos del planeta. Pero más allá de sus logros deportivos, lo que realmente la define es su espíritu inquebrantable y su capacidad para inspirar a los demás.
Su historia es un testimonio de lucha y superación. Enfrentarse a las condiciones extremas de la alta montaña ya es un desafío enorme, pero Rosa ha demostrado que la mayor batalla se libra dentro de nosotros mismos.
Tras ser diagnosticada de cáncer de mama, no solo enfrentó la enfermedad con una determinación admirable, sino que regresó a las montañas con más fuerza que nunca.
Su regreso a la actividad alpina fue un mensaje poderoso para todas aquellas personas que atraviesan momentos difíciles: “La vida sigue, los sueños siguen, y la montaña sigue esperándonos”
Además de su faceta como alpinista, Rosa es una gran impulsora del deporte y de la montaña como un espacio de crecimiento personal. A través de sus proyectos solidarios y su compromiso con diferentes iniciativas, ha demostrado que la montaña es mucho más que un reto físico: “es un lugar donde se aprende, se comparte y se encuentra inspiración.”
Por todo ello, y su ejemplo de lucha, su amor inquebrantable por la montaña y el legado que está dejando en el mundo del alpinismo y el deporte, hoy VSM le otorga este reconocimiento:
Rosa, gracias por recordarnos que la verdadera grandeza está en la perseverancia, en la pasión por hacer cosas y en la capacidad de seguir adelante, sin importar los obstáculos, siendo tu mismo el único forjador de tu destino.

Hoy rendimos homenaje al «profe», a Eduardo Martínez de Pisón, un hombre que ha hecho de la montaña su pensamiento y su vida. Geógrafo, escritor, montañero, ha recorrido las cumbres del mundo, pero también ha explorado las montañas con la mirada de quien comprende que no son sólo accidentes geográficos, sino territorios de cultura, historia y belleza.
Él mismo lo expresa con estas palabras:
«El paisaje no es sólo el territorio que pisamos, es también el que imaginamos, el que sentimos, el que nos interpela. Es memoria, horizonte, historia y futuro.»
Su obra es un puente entre el conocimiento científico y la sensibilidad estética,
entre el rigor del geógrafo y la imaginación de poeta del paisaje.
En su obra La imaginación del paisaje, nos deja otra reflexión que define su visión:
«En la montaña hay una ética de la sobriedad, una enseñanza de humildad, un modo de mirar el mundo desde la altura pero sin arrogancia, con la conciencia de lo frágil que somos.»
Esa humildad ante la grandeza de la naturaleza, esa defensa del paisaje como patrimonio común, es lo que hoy queremos reconocer. El Premio VsM, no es solo un reconocimiento a tu trayectoria, sino un símbolo de gratitud. Gratitud por enseñarnos a mirar la montaña con otros ojos, por recordarnos que el paisaje es una herencia que debemos proteger, por mostrarnos que en las cumbres también habita la cultura y la memoria.
Como tú mismo escribiste: «El paisaje es cultura, es un bien común, es una enseñanza silenciosa que nos habla del tiempo y la belleza.»
Hoy celebramos tu legado, tu amor por las montañas, tu lucha por preservar su esencia, porque en cada cima hay un relato y en cada relato está el eco de aquellos que han sabido escucharlas. Gracias «Profe».























